6.08.2008

Marketing

Viví bajo ese mismo techo durante seis largos años. En los meses de otoño el olor a humedad inundaba todo el departamento y volvían a mí los recuerdos de esos tres primeros meses. No lograba conciliar el sueño ninguna noche ni día. Los escasos y espaciados instantes en los que mis parpados se cerraban por algunos segundos aparecía una y otra vez la triste imagen de aquella noche.
Así fue durante seis años. Un total de setenta y dos meses y casi dos mil siento noventa días de tormento. Un tras otro, se volvían infinitos. No parecían tener fin. Hasta que las campanadas de la iglesia avisaban la muerte y posterior reencarnación del día. La misma rutina desde que me quede solo y la misma sensación de malestar.
El duelo lo logre sobrellevar recién el miércoles veinticinco de mayo después de la caída del sol y después de casi seis años. Me revele. Si me revele. No contra el sistema, mucho menos contra la sociedad o contra mis padres que habían muerto hacia décadas. Ese tipo de cosas ya están trilladas. Fue una revelación distinta. No de esas revelaciones obvias que la psicología podría justificar con alguna teoría freudiana. Era otra cosa. como el desdoblamiento de una flor, donde los pétalos comienzan a abrirse dejando al descubierto el néctar de su interior.
En ese momento no me di cuenta del cambio y recién logre apreciarlo mucho tiempo después. Poco a poco fui entendiendo todo y reprochando todo lo demás.
Una tarde, después de la siesta, me encontré con mi soberbia cara a cara. Estaba ahí parada mirándome fijamente a los ojos, muy segura de si misma. Parecía saber todo lo que iba a pasar. No discutimos. Todos sabemos que es imposible hacerlo con alguien de esas características, o mejor dicho, con esa característica.
Una mañana también me cruce al optimismo en el pasillo que va del baño a la sala. No se porque pero lo note de muy buen humor a pesar de ser casi las seis.
Una noche, senté a la belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga y la injurie.
Al mediodía recuerdo haber almorzado junto a la mediocridad y en mas de una ocasión me acosté con el oportunismo.
Pero él siempre estuvo ausente. No recordaba haberlo visto desde hacia ya mucho tiempo. Nadie me daba una explicación. Y cuando pregunte por el, cuando pregunte por el amor solo me contestaron que había salido de la mano de la muerte hacia ya seis años.
by Cacho
ABRIL
Hube pensado en todo lo que perdí, en todo lo que deje escurrir entre mis dedos secos y pueriles, hube pensado en la paz y el viento suave de una primavera irreal, hube de pensar en vano, para perderme en la quimera de mi infancia.
En mis fauces, una estúpida e indisoluble realidad me atraganta y me deja mudo. No puedo ni siquiera tragar. Pero me sirve, para volver a la realidad, a la trágica e infame realidad, cobarde y humillante. Los segundos que me separan del arrepentimiento vano de mi más magna decisión me permiten deambular por mis errores. Mi rencor vacila quinientas veces entre quinientos destinatarios diferentes, pero ninguno es más oportuno que mi mismo.
Pero buscar, a esta altura de las circunstancias, una razón que evite los acontecimientos que en pocos segundos perpetuaré, no tiene sentido. Buscar acaso el momento en el que me di cuenta que llegaría a este punto, por más obvio que sea, no tiene propósito. Intentar acaso imaginar que hubiera pasado si todo hubiese sido diferente, esa es una pretensión que no me permito. Si actué de una determinada manera por algo habrá sido y arrepentirme de eso es aún más en vano que arrepentirme de mi final.
Aquel otoño supe tener lo que merecía, en mis sollozos desgarré una ingenua plegaria a Dios para preguntarle realmente si esto era por lo que había peleado, si esto era el mundo que de pequeño había imaginado. El silencio divino me otorgó una extraña sensación de incertidumbre. Deambulé durante días por mi alcoba, intentando asimilar mi realidad enferma.
Una noche senté a la belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga, y la injurie. Me llené de una cólera fatal contra aquella realidad que me embargaba, aquella realidad que tantas veces había querido evitar pero que al fin, sin poder prevenirlo, me avasallaba y me hundía en la ira más trágica.Cuando entré en razón la sangre se escurría entre mis dedos, y yo sin siquiera entender que había hecho, me recosté a un costado de su cuerpo, inerte. Pasé 5 días en la misma posición admirando el fétido resultado de mi locura.
Pensar en aquello aun me acongoja pero, como ya dije, de nada sirve sino para aseverar mi decisión y darle sentido a estos últimos segundos perdurables.
Llevo el revolver por encima de mi mirada y en el segundo que tardo en dejar caer mis párpados por última vez, siento como perforo mi piel de la manera más caótica posible, entro en un letargo de pureza efímera y me desplomo sobre el piso. Puedo observar mi cuerpo respirar por última vez, retardado.
Pienso en la barrera que atravieso, pienso en el frágil sentido de mi alma en este otoño desesperado, pienso en vano, para perderme en la quimera de mi muerte.
by yo

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Cacho, Juan (creo):
Excelentes textos. Muy buenos. Sobre todo porque no se perdieron en la nada misma.
No puedo decir más nada sobre mi identidad que ésta si que es verdadera, aunque me guardo algo de privacidad por si alguien entra y lee esto, por ej. el de marketing. Jajaja! Bueno, ya se los dije, lo repito: revisen las faltas de ortografía.

Bye

Anónimo dijo...

Gracias anónima. Tengo la certeza de que fuiste la única que leyó los textos y no porque el resto no haya tenido interés en ellos, sino porque fuiste una de las pocas que no sabía la verdadera edad de Gabriela Sabattini.

Estoy haciendo un esfuerzo bestial por la ortografía.

Saludos.

Anónimo dijo...

Sí, me sacaste Juan. Muy bien. Yo no se la edad de Gabriela, pero sí se cómo se escribe su apellido. Lo vamos viendo?

Anónimo dijo...

Por último y grandilocuentemente, han descubierto el meollo del dilema.
Mi narcisismo solapado por cierta ambición de humildad probocó que presentara un cuestionamiento inexistente con respecto a la edad de un personaje ficticio llamado Gabriela SabaTTini. La similitud de esta con la reconocida tenista argentina, Gabriela SabaTini, conllevó a diferentes respuestas erroneas con respecto a su edad. Mas nunca fue necesario saber la verdadera edad de Sabattini, puesto que esta nunca nació, mas allá de mi imaginación.

En realidad, me equivoqué, y Sabatini va con una sola T, pero no me gusta aceptar facilmente mis errores.

Chau.

Anónimo dijo...

Sí veo que no sólo no aceptás tus errores sino que te encanta reforzarlos. Sos una besssssstia.

Adiós mundo cruel.

Anónimo dijo...

Es un Don que tengo, junto con el de la proyección.

Mañana es Sábado y estoy contento porque por fín no tengo que trabajar.

Salu´

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Próxima reinauguración viernes 24 PM.